El cantante de la banda rumbera “La Pegatina” reflexiona sobre la música en directo en la ciudad y avanza sus próximos pasos como compositor.

Montcadense de nacimiento y barcelonés de adopción, Adrià Salas es la cara más conocida de “La Pegatina”. La banda suma ya 15 años de música festiva y bailable, con más de 1.100 conciertos a sus espaldas y ocho discos en el mercado. Pero Adrià tiene ganas de dar guerra también como compositor y estos días graba en Poblenou su primer disco como autor musical: ha invitado a grupos emergentes y amigos a interpretar sus canciones para explorar estilos y géneros diferentes. Incluso acaba de enviar dos canciones a los organizadores de Eurovisión. En esta entrevista-vermut en la terraza del bar La chimenea de Can Saladrigas, reflexiona sobre la capital catalana como escenario de conciertos y de vida.

La Pegatina lleva una década y media non-stop y ahora afronta dos años muy diferentes. ¿Qué hoja de ruta tiene?

Ahora estamos preparando el concierto de los 15 años: el 22 de diciembre en el Palacio de Deportes de Madrid y en abril en el festival Cruïlla de Barcelona. Pasaremos todo 2019 entero de gira por España con un show como nunca hemos hecho: se llama “La fiesta más grande del año” y tendremos un escenario gigante como si fuéramos Lady Gaga! En cambio en 2020 tocaremos sólo en el extranjero, porque sino nunca podemos ir a los grandes festivales. Los tempos de contratación son muy diferentes y ahora cuando nos llaman ya tenemos compromisos. Y a finales de 2020, si todo va bien, presentaremos nuevo disco.

El paralelo al grupo, estás inmerso en la composición. ¿Qué puedes adelantar del disco en solitario?

Cada año hago una treintena de canciones. Muchas no ‘caben’ en los discos de La Pegatina o no son el estilo del grupo y se mueren de asco en un cajón. Y como me encantaría que otros grupos las pudieran aprovechar, he ido al estudio y las he grabado con diferentes cantantes y producido a mi manera. Quiero mostrar una forma concreta de componer y que sirvo para hacer canciones de muchos estilos.

¿Qué géneros musicales o mensajes te permite esta vía?

No cantarlas yo ya da muchas posibilidades. Tengo un timbre de voz que se reconoce en seguida, pero que limita mucho: todo suena demasiado a mí. En cambio una canción mía cantada por alguien cambia completamente. Además intento buscar voces poco conocidas. Estudio mucho el panorama musical de Cataluña y soy prescriptor a través del programa de Icat “Los expertos”.

Has enviado dos propuestas en Eurovisión, también. ¿Cómo son?

Sería el mejor escenario posible para mí: yo no iría nunca a cantar en Eurovisión y menos este año en Israel, pero que alguien fuera con una canción mía me encantaría. Les he enviado una canción pop con un mensaje muy carpe diem y otra que se llama “La venta ya cayo”, que era muy política y la he adaptado en clave indie-discotequera para hablar de un descubrimiento interior.

Esta faceta de compositor y descubridor de nuevas voces, ¿podría ser el Adrià de dentro de 20 años?

¡Ojalá! Así podría vivir en cualquier lugar del mundo haciendo canciones sólo con un ordenador, un micrófono y conexión. ¡Quedarse siempre en un lugar es un poco rollo! De hecho el grupo queremos vivir en verano permanente: invierno en América Latina y verano aquí. ¡Cómo los cruceros! Se puede conciliar si te haces una vida personal a medida.

Desde el primer momento apostaste por colgar todos los temas en internet y cuidar mucho a los fans. ¿Es la fórmula del éxito?

Funcionó muy bien, pero el consumo musical evoluciona mucho. Ya hay más gente escuchando música en Youtube que en Spotify y ya se miran más vídeos en Facebook que en Youtube! Por eso cuando apareció Spotify fichamos por Warner para crecer en el extranjero. El problema siempre es la profesionalización, que los músicos puedan dedicarse sólo a la música. Nosotros somos muchos, que también ayuda. Para un cantautor es mucho más complicado. Y atender las redes es muy esclavo, porque tienes que estar 24h y hay mucha gente colgando de todo.

Además de tocar, los “pegatinos” sois mucho ir de concierto. ¿Qué puntos fuertes y cuáles débiles tiene la escena de conciertos barcelonesa?

Lo mejor es que tiene muchas salas y puedes ver grupos internacionales fácilmente. Los limitadores de sonido son un grave problema para la música en directo: vas al Poble Español o al Fòrum y prácticamente no sientes los conciertos. En los locales, el aislamiento acústico es clave. El ayuntamiento se había comprometido a ayudar a las salas pequeñas e insonorizarlas pero después entró el PSC en el área de Cultura y se priorizaron otras cosas.

¿Cómo es el público barcelonés?

Cuesta mucho que la gente vaya a ver grupos que no conoce. Y por lo tanto quien tiene un bar y se debe lucrar con el concierto, no los programa porque no llevan suficiente gente. Así los novatos no pueden crecer. Quien hacía este papel eran las fiestas de barrio y los bares con entrada gratuita, que ya casi no quedan.

¿En otros países el público es más abierto?

En Holanda, por ejemplo, los festivales lo facilitan porque lo importante no es la música sino el ambiente: vas para estar con los amigos en un entorno muy bonito donde pasan cosas y hay atracciones gigantes. Siempre toca alguien famoso, pero el resto no son tan conocidos. ¡Y los horarios son fantásticos! Empiezan a las doce del mediodía y terminan a las once de la noche. Esto hace que vayan desde familias con niños pequeños hasta señores de 70 años. Aquí todavía se asocia demasiado la música al ocio, por lo que los conciertos se hacen muy tarde.

Cuando vas por el mundo y decís que sois de Barcelona, ​​¿qué reacción encuentras?

Nos tienen por una ciudad de calor y fiesta y, por la música que hacemos, a menudo nos dicen que les hemos llevado el sol y la alegría de Barcelona. Desde el 1-O nos preguntan mucho por el proceso y por Cataluña y decimos lo mismo que en las entrevistas en Madrid: los catalanes lo sufrimos más pero en toda España hay un problema de libertad de expresión. Compañeros músicos, los titiriteros de Madrid, los que protestan por el muro del AVE de Murcia … Dentro La Pegatina hay diversidad de opiniones, pero evidentemente todos ocho estamos a favor de la libertad y la democracia.

Aunque los tres integrantes fundacionales sois de Montcada i Reixac, con la ampliación del grupo os habéis ‘barcelonizado’. ¿Cómo lleváis la vida capitalina?

El local de ensayo lo seguimos teniendo en Montcada y la familia también. Barcelona la encuentro demasiado complicada. Está deshumanizada, es difícil hacer vida. Todo el mundo va a la suya, en el metro nadie habla… Además, vivas donde vivas nunca hay silencio. Culturalmente te ofrece todo lo que quieras, pero hay momentos que te gusta estar más tranquilo. Yo me he vuelto a humanizar gracias al perro: pasearlo hace que hable con dueños de otros perros y haga amistades nuevas.

El vermut ideal d’Adrià Salas

¿Eres vermutero?

Me encanta y por suerte me lo puedo permitir bastante a menudo. En eso Barcelona sí está muy bien, porque conserva muchas bodegas. Suerte del auge en los últimos años, era una tradición que no podíamos perder. Como acto social también ha reavivado y se hacen más conciertos al mediodía. Eso sí, siempre existe el riesgo de que de vermut en vermut se te vaya todo el domingo y acabes yendo a trabajar el lunes con resaca.

¿Casero o al aire libre? ¿En familia o con amigos?

¡En casa no! ¡Se debe hacer fuera! En una terraza o en una bodega a cubierto, depende del tiempo que haga. Y con los amigos, porque el domingo todos suelen tenerlo bastante

¿Acompañado de comida o austero para no perder el apetito de comer?

Siempre con comida porque tiene que durar un rato. Tiene un sentido social, es todo lo contrario de la deshumanización: tiempo para volver a encontrar, hablar y olvidar el móvil. Además un vermut solo no se puede hacer, por lo menos se han de hacer dos.

Con las giras habréis visto muchas tradiciones gastronómicas diferentes. ¿Alguna equivalente extranjera que os haya gustado o sorprendido?

En Francia tienen el pastel, que es anisado y lo tienes que rebajar con agua. En Italia existe la spritz de media tarde y en Portugal toman ginjinha antes de comer. Mola mucho esta cultura de beber, te hace dar cuenta que tenemos muchas cosas en común.

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