Entrevista a Pau Roca en la revista Tot Barcelona. Realizada por Xavi Fernández de Castro. X

Pau Roca (Barcelona, 1982) vive en el barrio de Gràcia de toda la vida. Su cara se hizo conocida entre los espectadores de TV3 por su papel de “Rafa González” en Ventdelplà, pero desde hace años es más conocido por sus actuaciones en obras de teatro de Quim Monzó, Federico García Lorca o William Shalespeare y hace seis años que tiene su propia productora, Sixto Paz. Este mismo fin de semana ha terminado la temporada de Les coses excepcionals, una obra de Duncan Macmillan que ha interpretado durante casi dos meses en el Club Capital de la Rambla, y hablamos de ello mientras nos tomamos un vermut Miró en el Cafè Diamant de Gràcia. 

¿Cómo te llegó a las manos el proyecto de Les coses excepcionals?
Mi compañía, Sixto Paz, que hace seis años que existimos, hicimos un texto que se llamaba Pulmons, del mismo autor, Duncan MacMillan. Aquella experiencia nos gustó mucho y leímos más textos suyos. Encontramos este monólogo -su título original es Every Brilliant Thing–. Al principio costó mucho que nos diesen los derechos porque estaba muy demndado, pero la buena acogida que tubo  Pulmons hizo que volviera a confiar en nosotros. Una vez conseguidos los derechos, el siguiente paso fue pensar en que teatro lo podríamos hacer y nos decidimos por el Club Capitol. 

¿Cómo has vivido este texto tan emotivo y cambiante?
Es de las pocas obras, poquisimas, te las podría contar con menos dedos de los que tengo en una mano, que haría durante seis meses. Normalmente en el teatro haces temporadas de mes y medio, tres meses ya son muchos. Muchas veces haces giras, las vuelves a hacer o no. Esta obra la haría seis meses seguidos porque cada día es tan diferente, el público te la cambia, y eso hace que sea imposible aburrirse. No solo es lo que te dice el público, sino como el público siente lo que aquella interpretación de otros espectadores le transmite.

Es una obra donde estás tu solo delante del público, prácticamente sin escenografía…
Es una experiencia muy diferente porque quieras o no en una obra siempre te puede tocar hacer un monólogo de tres páginas y estás tu solo en pelotas. Vives ese vértigo, pero no es lo mismo. Salir al escenario a hacer el monólogo solo y volver solo es duro. No puedes saludar a tus compañeros, darte ánimos ni intercambiar opiniones sobre como ha ido. Eso no está. Había hecho un monólogo más corto, de unos 35 minutos –a Les coses excepcionals es de una hora–, que también era muy sencillo porque estaba solo en un banco, pero no había hecho nunca una obra tan participativa y donde todo dependiese tan poco de mi.

¿Qué te llevas de esta obra?
El aprendizaje más bestia que he hecho en esta obra, como actor, es que la imperfección es lo que hace bonita esta obra. No puedo pretender que todo salga bien siempre y me tengo que adaptar a lo que pasa cada día, a cada momento. No me había pasado nunca.

¿Y como persona?
Tiene mucho que ver con que haya tenido un hijo. Esta obra me ha hecho darme cuenta de que el resultado de cada función está totalmente relacionado con como yo estoy de amoroso, de abierto, de respetuoso, de afectuoso. Si estás cruzado con tu pareja, con el trabajo, en el teatro dispones del texto para esconder lo que nos pasa. Te lo sabes, es siempre el mismo. Aquí también hay un texto, es cierto, pero cada día es diferente y tienes que vivir con lo que te dice el público y dependes de los espectadores. Es un aprendizaje muy bonito.

¿Estás satisfecho con la buena acogida que ha tenido tu interpretación?
Esta obra la podría haber hecho otro actor porque era un proyecto que teníamos muy claro como productora. Si en este momento de mi vida estuviese haciendo otro trabajo, lo hubiésemos hecho igualmente, pero con otra persona. Al final, como lo tenía bien, pude hacerla yo mismo y ha sido una gran experiencia también. Empezaremos una gira de primavera y en otoño haremos otra. Parece que, como ha ido tan bien, volveremos a Barcelona. Aunque no sabemos fechas, pero volveremos.

A parte de la interpretación, también tienes un bar en Gràcia, el Lluritu. ¿Es un plan B?
Mi familia siempre ha tenido un vínculo con la gastronomía. Mi madre ha sido cocinera durante 35 años de su vida y mi padre es periodista gastronómico. Lo he mamado en casa y lo he disfrutado como cliente fuera. Cuando viajo, lo más prioritario siempre es la comida. Mi madre me ha llevado a restaurantes de estrella Michelin y al restaurante más pequeño de pueblo. Siempre he tenido curiosidad por la gastronomía. Esta trayectoria me ha hecho adquirir conocimientos, no como profesional, claro, pero si como aficionado entendido. Saber por donde van las últimas tendencias, como está la ciudad en temas de gastronomía.

Parece que sabes de lo que hablas entonces…
Es verdad que el Lluritu nos funciona, pero también nos podríamos haber equivocado, no hay una receta mágica (ríe). Nadie sabe del cierto que puede ir bien y que no. Tenía unos dineros y no sabía si ponerlos en el banco o hacer otra cosa y hablé con dos amigos que si que se dedican a esto –se refiere a Pol Puigventós y Gerard Belenes– y abrimos una marisquería porque es el tipo de bar que más nos gusta. Es una marisquería pequeña, despreocupada, de tirar la cabeza de la gamba al suelo, no tiene un precio muy elevado, aunque es marisco (ríe). Está muy pensada para el barrio.

¿Y que piensa Gràcia del marisco?
Uf. Como he dicho antes es difícil saberlo todo. ¿Tiene sentido una marisquería en Gràcia? Sí, porque no hay ninguna más. Es verdad que está el Botafumeiro, pero es una cosa a parte. Es un restaurante de otra liga. ¿Funcionará un tipo de marisquería que funciona en Madrid, en Galicia, en Andalusia, pero que en Barcelona no hay muchas? Es lo que nos daba más miedo pero ha ido muy bien. Intento hacerme las preguntas, pero no tengo todas las respuestas. No nos hemos adaptado al barrio pero tanto los barceloneses como los turistas han entendido la propuesta y el bar tiene vida.

Tu, como persona del barrio de Gràcia, ¿eres de los que piensa que esto es un pueblo?
Me siento muy de la Vila de Gràcia, pero en el sentido más abierto del barrio. Quiero decir que me siento así porque conozco a muchísima gente, he vivido aquí toda la vida. Conozco a la gente del mercado, a la gente Verdi, a los de los bares. Uno de mis teatros preferidos era la Sala Beckett antigua. Pero de la misma manera que no estoy a favor de la gentrificación, tampoco me parece un crimen que haya turismo. Los comercios y los restaurantes también tienen que ganarse la vida,

En tu día a día te mueves con patinete eléctrico. ¿Cómo lo llevas?
Soy un fan reciente, pero he hecho casi 1.300 quilómetros desde el octubre. Hay personas a la cual el patinete le va genial y yo soy una de ellas. Voy en patinete porque me muevo mucho y no tengo coche ni lo quiero. He hecho números y ya está a punto de salirme más a cuenta que el metro. Si te compras un patinete de gama media, que no es precisamente barato, te acaba saliendo más a cuenta. Los más económicos ni te los mires porque en un año se te habrá roto.

¿Vas por als aceras?
¡No! A ver… Hay momentos que es inevitable. Cuando salgo de casa y no puedo ir por la calle porque no es una vía transitable. –calles con plataforma única i calles con límite de 30–, ¿Cómo lo hago? ¿Voy andando hasta que encuentre uno? ¿Cuando hace bajada me pongo encima y no doy gas, simplemente bajo poco a poco, sin acelerar. Entonces no molestas. Es verdad que la ciudad debe prepararse. Hay un vacío legal y no puede ser que no estemos identificados, por ejemplo, que no haya ningún tipo de matrícula o algo parecido

Veo que te has estudiado la normativa…
Bien, no, pero al final te acabas enterando.

«Un día del Barça-Madrid empiezas con el vermut, despues vas a comer y por la tarde vas a ver el futbol»

«El vermut me gusta que no sea muy dulce y últimamente me he pasado un poco al blanco. En el Lluritu lo servimos con dos gotas deAngostura y le da un toque amargo muy bueno.

«Como acto social también me gusta mucho, sobretodo a partir de la tercera edad. Ahora que tengo un hijo, salgo a veces, pero menos que antes. Y eso da pie a hacer más cosas de día. El vermut es un buen momento para compartir con los amigos que también tienen hijos.

«Y te deja muy bien para la comida que casi sempre surt bé. Un día de un Barça-Madrid empiezas con un vermut, lo enlazas con la comida y por la tarde vas a ver el futbol. Es un plan perfecto.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies