Entrevista a Marc Martínez en la revista Tot Barcelona.  Realizada por Adrià Lizanda.

«Venía en la moto pensante qué puedo hacer yo», reflexiona en voz alta. Sus orígenes andaluces lo hacen estar preocupado por los resultados de las elecciones y la irrupción de Vox. Marc Martínez (Barcelona, 1966) vivió en el Raval durante su adolescencia, a pesar de que ya no se siente identificado con el barrio por culpa de la inseguridad y la presencia de la droga. Tiene 52 años, «aunque no lo parezca», y dos hijos y está implicado en proyectos profesionales destacados en la ciudad. Uno de ellos es Hache, la nueva serie de Netflix sobre la mafia y que estará ambientada en la Barcelona de los años 60, rodada en la capital catalana y que se estrenará al 2019.

– Uno de tus últimos proyectos es el espectáculo El mal Martínez. ¿Cómo es el mal Marc Martínez?

He mejorado mucho como persona, era peor cuando era pequeño. Ahora entro más y salgo menos, antes las noches eran muy largas. Tengo dos hijos que piden atención y estoy mucho por ellos. Ahora si escribiera la obra la titularía El buen Martínez. En la obra hablo de la época entre los 12 y los 13 años, de las hostias que recibí. Es un estilo como el de Woody Allen, hablo de mis mierdas al espectador. La obra habla de como el miedo es un motor, es la emoción reina que te paraliza o te activa. La huelga de hambre de los Jordis tiene el origen en el miedo. Entre los 12 y los 13 años pasé mucho miedo. Fue el momento que bajé del ático en que vivía. El barrio era horroroso.

– Nos encontramos en el bar Elisabets, situado precisamente en el Raval, donde viviste tu infancia.Cómo recuerdas tu barrio?

Muy heavy. En la obra hablo del paso del “paraíso al infierno”. Yo vivía en un ático, que para mí era el paraíso, y el paso hacia el infierno lo hacía cada vez que bajaba a la calle. Hasta los 12 años no sabía qué era el Raval.

– En la canción de presentación dices que eres “un pijo del Raval”…

Yo era la aristocracia del barrio, sí. Mi madre abrió una peluquería en el edificio donde vivíamos y empecé a bajar más a menudo a la calle. Aquello era la trinchera. Entre el 78 y el 90, que es cuando empezaron los cambios en motivo de los Juegos Olímpicos, el Raval era un campo de batalla.

– Has explicado que te atracaban a diario…

Sí, pero el problema no era esto, sino la situación en que vivía la persona que me atracaba.El que me robaba estaba peor que yo, y debajo de él había alguien que estaba peor… este era el drama. En el mal Martínez hago un pequeño homenaje a Pepe Rubianes.

– ¿Lo conociste?

Sí, éramos colegas. Él siempre tenía historias por explicar, sobre cualquier cosa. Si tuviera este vermut delante (señala el vaso de vermut Miró), te explicaría una historia sobre la bebida. Era alucinante.

– En el Raval todavía viven tus padres…

Ya no, hace medio año que marcharon del barrio. Toda la vida han vivido aquí, primero en la calle de Carme y después en la calle de la Cera, y el Raval nunca ha estado bien. En algún momento, alrededor del año 2000, parecía que mejoraba, pero vuelve a estar mal. Los museos y los skaters hacían pensar que el barrio era otra cosa, pero era sólo una fachada. La droga vuelve a estar presente, hay narcopisos y patrullas policiales. Y no preguntes a mis padres por el Raval…

– ¿Por qué?

Porque es muy triste renegar de tu barrio. Las personas grandes son los que sufren más las malas decisiones de los gobernantes y el abandono de los vecinos.

– ¿Vas a menudo al Raval?

No mucho, no he vuelto a pasar por delante de mi casa. En la calle de la Cera iba porque había mispadres, pero está hecho una puta mierda. Por qué tengo que ir ahora? Todavía mepegarán. El barrio siempre ha sido mal, y la pretensión con el Raval es especular. Por gentrificar tienes que echar la gente del barrio. Es lo mismo que pasó hace años en el barrio de la Ribera y al Gótico. ¿Cómo puede ser que no viva gente de la ciudad al centro? Por la gentrificación.

– ¿Te gusta la ciudad en qué vivos?

Me gusta mucho la ciudad. Barcelona es brutal, y la gente que viene se enamora enseguida. Es una ciudad superdotada, por eso enamora. Es variada, tiene mar, montaña… la historia,la gente y su variedad la hace grande. Pero le falta algo, y creo que empieza por los mismos barceloneses. Tenemos que tener una relación más cercana con la ciudad. Tenemos que estimar y valorar más lo que tenemos. A nivel cultural es una ciudad muy viva. Barcelona está sufriendo la globalización, ya que el turismo la convierte en un parque temático. Los turistas no tienen respeto por la gente que vive y trabaja aquí.

– Has empezado a rodar Hache, de Netflix, una serie basada en la Barcelona de los años 60. ¿Qué te trajo a sumarte a este proyecto?

Me enteré de la prueba y fui “a por ellos”. Se tiene que ir a todas.

– Con la llegada de nuevas plataformas como Netflix la producción audiovisual es más abundante que nunca. ¿Se está olvidando la calidad entre tanta cantidad?

Es pronto para decirlo. Evidentemente, estamos en un sistema capitalista y se hacen producciones para el gran público, pero también se estrenan productos destinados a audiencias más acotadas y de nicho. No podemos decir que sea bueno o malo porque no sabemos donde nos traerá.

– Tienes orígenes andaluces y de Murcia. Hoy nos levantamos con la irrupción de Vox en Andalucía…

La sensación que tengo es como si me hubieran dado una paliza, pero tampoco quiero hacer una lectura derrotista de lo que ha pasado. Tanto en Cataluña como España convivimos con fascistas, y ahora todo el mundo se pone las manos a la cabeza, pero los tenemos cerca cada día. Este país ha sido dirigido por una persona peor que Vox, que es Aznar. Me hace daño porque es Andalucía y tengo sangre andaluza. ¿Cómo puede ser que un pueblo obrero escoja la derecha para que gobierne? Pero es muy irresponsable ponerse las manos a la cabeza hoy. Quién se pregunte “qué ha pasado” es un payaso.

– Te han definido como un actor activista y, incluso, “antisistema”, pero tú siempre has dicho que eres un “horticultor”. ¿Qué cultivas?

Cultivo cultura (ríe). Hago un cachondeo con el huerto, a pesar de que es verdad que tengo uno, en l’Empordà. Ahora lo tengo abandonado, está parado. Pero yo no, no paro de trabajar. Con la horticultura me gusta hacer el paralelismo con la sociedad, puesto que se tienen que cultivar a los jóvenes para crear un país próspero. Ayer fui a ver una obra para niños donde se hablaba de los colores. Ni una vez mencionaron el amarillo, ni el naranja, supongo que para evitar represalias. Es una vergüenza que nuestra reacción sea tan pequeña con lo que está pasando en el país.

– Empezaste con 6 años a hacer teatro. ¿Qué grandes cambios has vivido en el mundo de la interpretación?

Cuando empecé a hacer teatro lo importante no era tanto la interpretación, sino simplemente representar la obra. Actuábamos con miedo que entrara la policía al recinto.Con la transición aparecieron las televisiones privadas y se empezó a hacer contenido propio. A partir de aquí pasa a ser más importante como se llaman las cosas y no tanto qué se llama. A los 90 llega la eclosión del cine español ya aparecen actores como Javier Bardem. Las otras transformaciones en la interpretación vienen por la tecnología. Con los móviles tienes en las manos la cámara, productora, realizadora y promotora. Además, ha cambiado la forma de actuar, puesto que constantemente estamos interpretando a las selfies y los vídeos.

“De pequeño me gustaba mucho el aperitivo porque se puede comer y hablar a la vez»

«Intento hacer el vermut cuando puedo, pero es difícil encontrar tiempo»

“Vivo el verano con mucha intensidad y hago más vermuts. En la ciudad es más complicado. Con la familia tenemos la costumbre de hacer un gran aperitivo antes de comer, bebemos vermut, cerveza, comemos marisco… de estos aperitivos que después no tienes hambre para comer. En casa de mi padre los aperitivos son apoteósicos”

«Durante la hora del vermut se puede estar de pie e ir a buscar el lugar donde hay más comida y esto me encanta”

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