El director de la revista ‘El Jueves’ se inspira en la «típica niña consentida que vive en plaza Artós» para crear personajes

Entrevista a Guille Martínez-Vela realizada por Adrià Lizandae en el Tot Barcelona.

Director de la revista emblemática de «El Jueve»s desde 2016, Guille Martínez-Vela (Barcelona, ​​1983) está vinculado a la publicación desde el 2008. Desde entonces ha creado personajes como la Niña Pija, inspirada en la «típica niña consentida que vive en plaza Artós «. Reconoce que su infancia la ha marcado a la hora de crear personajes como ella o como Lolo Lambroghini, ambos una crítica mordaz a la alta sociedad. Creció en la Maternidad, donde bromea y dice que entre sus amigos era el Suneo, con referencia al personaje de la serie «Doraemon» que es un niño rico. En cambio, añade que en la escuela privada donde iba era el Nobita, un personaje más humilde.

Martínez-Vela celebra también que la audiencia de Barcelona haya archivado la querella de los sindicatos de Policía Nacional contra la revista por un chiste sobre cocaína y agentes del cuerpo durante el 1-O. En las redes sociales es bastante activo, hasta el punto que abrió un hilo en Twitter a principios de 2018 y todavía sigue publicando. De todo y de nada conversamos con él en el bar Joali, situado en la plaza de Sol, mientras se toma un Vermut Miró.

Se te ha ido de las manos eso de «abrir el hilo»…

Sí. Tenía abandonadas las redes sociales y me animé a usarlas máa y abrir un hilo. Lo empecé a principios de 2018 y he ido añadiendo tuits con pequeñas ideas cada día. A veces la gente me dice «qué bueno aquel tuit», y yo después me curro viñetas e historias y al final me reconocen la tuit solamente.

¿El humor se está quedando en eso, en Tweets?

Antes del humor bebía de la tradición oral, y ahora la tradición oral son las redes sociales. El chiste del «perro Mistetas» no sabemos quién lo hizo por primera vez. En cambio, con las redes podemos ir al origen y descubrir de donde surgió una idea. Aún así, el humor en Twitter es muy efímero: ves un tuit que te parece brillantísim, haces RT y te olvidas de quien lo ha hecho. Gracias a los hilos puedes ir al principio, leer de forma cronológica y seguir la historia y repescar tuits antiguos con más facilidad.

¿Te hacen gracia todos tus chistes?

En el humor es importante que te hagan reír tus chistes, pero también es verdad que si quieres profesionalizarte tienes que pensar en el gran público. Hay chistes o viñetas que miro después de un tiempo y ya no me gustan. En «El Jueves» hacemos mucho humor de actualidad, así que caduca enseguida.

Comenzaste en la revista de la Universidad Politécnica de Cataunya (UPC), Distorsión.

Sí, cuando estudiaba Telecomunicaciones. Mi vocación siempre fue el humor gráfico y las viñetas. Mis padres, sin embargo, me dijeron que si estaba seguro, porque ellos no me podían mantener y me avisaban que no era fácil ganarse la vida con las viñetas. Además, se me daba bien estudiar, así que me recomendaron que estudiara una carrera de provecho. A principios de siglo empecé la carrera, y coincidió con el boom del punto com.

Y dibujabas en la revista de la universidad.

Sí, y aprendí mucho. Era balsámico participar en la revista porque los estudios de Telecomunicaciones eran duros. Con el paso del tiempo seguí dibujando y me contrataron en «El Jueves».

¿Cuando fué eso?

En 2008 hice allí mi primera colaboración y en el 2010 me contrataron. Me llevaron para que hiciera de puente entre la revista en papel y la web, porque en ese momento era el joven que controlaba las tecnologías. Pero hace tiempo que no estoy tan al tanto de las nuevas tecnologías. Ni siquiera tengo Instagram.

Ah, no?

Entro desde el perfil de la revista a veces, para ver cómo funciona. Y me he dado cuenta de que hay gente de perfiles políticos muy diversos, y que los trolls de Vox son mayoría.

¿De pequeño ya apuntabas maneras como dibujante?

Sí, dibujaba las vacaciones de verano de mi familia con mis amigos. Entrené como viñetista en las agendas escolares de mis amigos. Allí los caricaturizaba, y aún conservo alguna como recuerdo. También empecé a leer de muy pequeño «El Jueves». Con 12 años ya la hojeaba, aunque mis amigos se sorprendían porque decían que era una revista para adultos. Pero en casa eran muy progresistas en este sentido, ya que Berlanga era una eminencia para nosotros. Dibujar mis amigos ha hecho que me acostumbre a dirigirme a un público que no es el del cómic habitual.

Dos de tus personajes, la Niña Pija y Lolo Lamborghini, son de un perfil muy parecido, de chica consentida y rica.

Estudié en una escuela privada en la que había sectores de alumnos que provenían de buenas familias. De pequeño no te das cuenta, pero a medida que creces lo recuerdas y le das más importancia. La Niña Pija está basada en experiencias y frustraciones con este perfil de persona, sí. Siempre he sido muy crítico con este sector de la sociedad.

¿Te inspiras en él para crear personajes como la Niña Pija?

Crecí en el barrio de la Maternidad, en las Cortes, junto a Pedralbes. En mi barrio era el Suneo de Doraemon porque era el niño rico, pero en la escuela…

El Nobita?

Sí (ríe). Pero no necesitaba un Doraemon para los estudios porque se me daban bien.

¿Es el humor la manera más fácil de decir la verdad?

Picasso decía que el arte es una mentira para decir la verdad, y yo incluiría el humor en esta definición. En las viñetas podemos decir las cosas de una forma mucho más directa que en una columna de periódico en el que el autor tiene que buscar la forma blanqueada de explicar el hecho. Los humoristas somos el niño que, en el cuento del emperador desnudo, puede señalar y decir que el emperador no lleva ropa. En política el lenguaje suele ser rebuscado, y el humor es una forma de ser directo y de decir las cosas por su nombre. Es ir a la esencia.

¿Hace tres años que eres el director de «El Jueves». Mujer vértigo?

La ventaja que tiene la revista es que tiene unos lectores muy fieles, y dirigirlo es seguir el camino que está marcado. También actualizar los contenidos y seguir la actualidad, claro. Me dedico a preservar la esencia pero a incluir nuevas tendencias.

¿Cuántos sois la redacción?

Somos 11 personas, pero se deben sumar los colaboradores, que representan la mayoría de personas que dibujan en la revista.

¿Cómo definirías la palabra «ofendidito»?

Es alguien que tiene una posición dominante y que piensa que la está perdiendo.

¿Un ejemplo?

Un hombre mayor, blanco, heterosexual, conservador, padre de familia y mourinhista. Actualmente hay más libertad que nunca, Twitter es un ágora de ideas. Además, da la posibilidad a muchas personas de criticar y de quejarse. Gracias a Twitter un columnista como puede ser Javier Marías recibe críticas y contra argumentos de sus artículos, lo que no ocurría antes.

El «Jueves» no oculta su tendencia política …

Somos unos izquierdistas, sí (ríe)

Aún así, ¿hacéis el esfuerzo de atacar a todas partes?

La prioridad es cargar contra el poder. Durante épocas no había tantos motivos, como por ejemplo los años dorados del bipartidismo. Pero en los últimos años han salido nuevas fuerzas que han defendido cosas nuevas. Y si ves que hay un nuevo movimiento que está apostando por luchas diferentes a las de siempre, no los hieras de inicio. Puedes criticar a todas partes, pero hay movimientos que no están tan viciados y que con buena fe. La prioridad es ir contra los poderosos.

Hay quien dice que la revista que diriges hace humor rancio.

Seguramente hace tiempo que no la lee. «El Jueves» es hija de su tiempo. Quizás hay quien piensa en la revista de los años 90, pero creo que ha habido un relieve y una evolución. La misión de «El Jueves» es medir el pulso de la sociedad. Cada vez, sin embargo, es más difícil hacer humor para todos. Ya no hay referentes compartidos, antes todo el mundo veía las mismas películas y series. Hoy día, cada uno ve una serie diferente.

¿Cómo afecta la crisis del papel en «El Jueves»?

Resistimos. Tenemos la suerte de tener unos lectores muy fieles, porque es una revista que se transmite entre generaciones. Las viñetas tienen buena salida, pero falta encontrar el modelo de negocio en internet.

A finales de mayo la Audiencia de Barcelona archivó la querella de los sindicatos de la Policía Nacional por el chiste de la cocaína y los antidisturbios después del 1-O. ¿Cómo ha vivido el proceso?

Desde el principio vemos que no tendría recorrido, porque era un chiste y era únicamente ficción. Era un momento tenso y convulso, y de alguna manera el Estado quería limpiar su imagen después de lo que se vivió el 1-O. Con esto creo que tenía que ver la querella, y además querían penalizar los mensajes disidentes. El juez que aceptó a trámite la denuncia sabía que no iba a ninguna parte, pero igualmente la tramitó. El caso lo ha llevado el abogado de la revista, Jordi Plana, y ha sido su último caso porque se ha retirado. Afortunadamente tenemos un grupo importante detrás, pero una querella de este tipo a un particular sin medios te puede destrozar la vida.

En una noticia de la revista decíais que Valls había apuntado a Supervivientes porque quería «dinero y Casita». ¿Es esto lo que ha venido a buscar en Barcelona?

Creo que está aquí en una especie de vacaciones o jubilación. Ha venido a recuperar las raíces familiares y se ha metido en política municipal como entretenimiento. En Francia el repudian, y los socialistas -su partido allí- lo odian.

¿Ha sido una sátira el baile de pactos en el Ayuntamiento?

En estas elecciones nos hemos dado cuenta de que Barcelona es una ciudad de izquierdas, lo que me parece bien. No sé si esto se corresponde con el modelo turístico o con la desigualdad en la ciudad. Pero critico que políticos bien intencionados tienen dificultades para sacar adelante lo que quiere la gente.

¿Colau es un ejemplo de esto?

Sí, pero también Anna Saliente. Entre ellas no se entenderían por varios motivos, pero me gustaría que se pusieran de acuerdo las fuerzas de izquierdas para sacar adelante algunas políticas. Estaría bien que pactaran e hicieran políticas progresistas, porque sino la sensación de que en Barcelona el poder no lo tienen el Ayuntamiento ni la gente, sino las familias poderosas y los apellidos que a todos nos suenan.

Has hecho todo un alegato contra la Niña Pija …

En mi cabeza ella es de Barcelona, ​​pero no soy explícito para que gente de otras ciudades se pueda identificar. Pero está inspirada en el perfil de niña consentida que vive en plaza Artós. Aquí tenemos dos ramas de pijisme: el que proviene del funcionariado del Estado, que se parece mucho a lo que hay en otras ciudades del Estado; pero también tenemos una especie autóctona de pijisme que tiene sus especificidades.

¿De qué harías una viñeta de la Barcelona actual?

En verano de 2017 tuve la suerte de hacer una portada inspirada en Barcelona. Era una crítica al turismo.

¿Tomas a menudo vermut?

Acostumbro a tomar con los amigos o con la familia. Tengo amigos que son más vermuteros que yo y me arrastran a menudo. Me gusta tomarlo acompañado de un aperitivo, de unas patatas y unas conservas. Siempre acompañado de comida, es lo que más apetece.

Es una tradición muy nuestra ¿No?

Sí. Es una bebida de vigilia, diurna. Me gusta hacer los mediodías y en fin de semana. Y es una bebida que puedes tomar con los amigos que ya tienen hijos y que no saldrán por las noches a hacer copas contigo. El vermut es una bebida sensata, para tomarla tranquilamente.

¿Con oliva o sin?

Prefiero con oliva. Y me la como al final.

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