Entrevista a Bruno Oro en la revista Tot Barcelona. Realizada por Adrià Lizanda.

El actor acaba de publicar ‘Tu busques amor y yo cobertura’, una novela autobiográfica en la qual explica cómo ha sido el primer año después de decir dejar el Polònia.

Actor, músico … y ahora escritor. Bruno Oro (Barcelona, ​​1978) ha tocado varias teclas después de dejar el Polonia. Ha publicado varios discos y presenta el libro Tú buscas amor y yo cobertura (Penguin Random House, 2019). El narrador de la obra es un móvil, lo que, como él mismo explica, le permite tomar distancia para escribir una novela autobiográfica en la que el actor se mimetiza con el protagonista, el Capo. Oro explica en la obra el porqué de la decisión de dejar el Polonia y escribe sobre lo que vivió durante el año siguiente a abandonar el programa. El actor que daba vida a Artur Mas explica que trabaja en un proyecto teatral con Clara Segura y que ya ha escrito su segundo libro. En este caso, sin embargo, el Capo no será el protagonista. La conversación se desarrolla en el bar La Libertaria, en la calle Talleres, mientras tomamos un vermut Miró.

No sé si llamarte Bruno o Capo… Tu busques amor i jo cobertura es un libro autobiográfico, ¿verdad?

Sí, totalmente. De hecho, lo empecé a escribir como un diario, y no sabía hacia dónde iría. En el libro el protagonista también tiene un diario, de color rojo, que es real, es uno que yo siempre llevaba a los viajes. Con la excusa del móvil, que es el narrador de la historia, consigo un distanciamiento que me permite hablar de mí. También hay elementos de ficción, claro.

El libro surge de una necesidad de explicar el porqué de tus decisiones, como por ejemplo la de dejar el Polonia.

Queco Novell me dijo el otro día que el libro le parecía un punto y final a mi historia con el programa y que era una buena despedida. Pensé que tenía razón. El libro es una despedida de muchas cosas, pero a la vez abre muchas puertas en mi vida. La propia novela es una puerta, porque ha sido una experiencia innovadora para mí.

¿Estás satisfecho de tu estrena como autor?

Sí, sobretodo porque a los amigos y la familia les está gustando mucho el libro. Además, la editorial Penguin Random House ha apostado por él y eso es garantía de que he hecho algo original. Me hace mucha ilusión el resultado.

El Capo pasa por un proceso de ruptura difícil con la Musa. ¿Hay una Musa en tu vida?

Sí, la hay.

Y un Pep, el amigo de toda la vida del Capo…

Sí (se rie). El Pep es una fusión entre distintos amigos míos, que los he unido en uno.

El Capo, com tú, abandona una serie de sátira política de gran éxito. Una decisión valiente…

Sí, pero también necesaria. En mi profesión te desgastas mucho y corres el riesgo de encasillarte. Era una decisión justa.

¿Cómo fue la mañana siguiente de dejar el Polònia?

Fue muy fuerte, sentí mucho vacío. Era una mezcla entre tristeza, incertidumbre y alivio.

¿Alivio?

Sí, porqué estaba saturado a nivel profesional. Necesitaba dejar de imitar y descansar. La parodia y la imitación son registros muy exigentes, y más el Polònia. En el programa vas con la pistola en la cabeza porqué estás supeditado en la actualidad, no puedes preparar-te tranquilamente los guiones. La gente no es consciente que sufrimos mucho. e

Imitaste durante años a Artur Mas, aunque no fue al único político a quien parodiaste. ¿Como era la relación con ellos?

Distante. En algunos casos se lo tomaban bien, aunque no en el mío. En general eran reticentes y no les gustaba demasiado.

Visto en perspectiva, ¿volverías a tomar la decisión?

Sí. Eso es como cuando los futbolistas se cansan de jugar en un equipo y quieren cambiar de aires. Además, en el Polònia se ha demostrado que nadie es imprescindible y que hoy en día todavía sigue siendo un éxito. Como te he comentado, mi papel era muy exigente porqué era el presidente, y eso desgasta.

Lo dejasteis a la vez casi…

Eso fue muy fuerte. Pero yo ya había decidido que terminaba antes que lo hiciera él. No nos llamamos para decidirlo (ríe). De hecho, ayudé mucho a David Marcé, que ha hecho de Artur Mas desde entonces, a preparar el personaje. Cuando nos enteramos que el presidente lo dejaba, nos llamamos y dijimos «¡Qué putada!

Después de abandonar el Polònia te metiste de lleno en la música. ¿Era una cosa pendiente?

Amo mucho la música y no puedo evitar hacer un disco de vez en cuando. Para mi es una afición que espero que acabe en algo algún día. No creo que nunca deje de hacer música.

En la canción Barna dices: “It was dirty and smelly, but the city, the streets, were mine” («Estaba sucia y olía, pero la ciudad, las calles, eran mías») ¿Es nuestra Barcelona todavía?

No es nuestro el centro de la ciudad, que es lo que más me gustaba antes. Ahora bajaba por la Rambla y pensaba, qué bonita es. Ahora que no hay turistas, más aún. Y recuerdo cuando tenía 18 años y bajaba con los amigos y veíamos todo el color que tenía la Rambla. Pero ahora hemos perdido el centro: el Gótico, el Born, la Rambla. Nos quedan algunos barrios como Gracia, pero la ciudad era nuestra y ahora hay que compartir. Hay que decir que en ciudades como Nueva York también sucede esto.

¿Nos la han tomado o la hemos perdido?

Un poco de todo. Cuando vas a Roma o París ves restaurantes de comida de allí, no te encuentras decenas de franquicias como Starbucks o La Tagliatella. Evidentemente que hay McDonalds en París, pero, al igual que Roma, mantiene la esencia. En Barcelona, ​​en cambio, me cuesta mucho encontrar barceloneses en el centro de la ciudad a lugares de toda la vida.

Hay otro verso de la canción que llama la atención: “You got the ugly make up everyone’s wearing now, you got the famous, i have to share you now. Shall I leave you now” («Llevas el maquillaje feo que lleva todo el mundo, los famosos, ahora te tengo que compartir. ¿Tendría que dejarte? No puedo evitar ver una crítica al turismo. Hi ha un altre vers de la cançó que crida l’atenció: “You got the ugly make up everyone’s wearing now, you got the famous, i have to share you now. Shall I leave you now” («Portes el maquillatge lleig que porta tothom, els famosos, ara t’he de compartir. Hauria de deixar-te?»). No puc evitar veure-hi una crítica al turisme.

Lo es, claro. Sin embargo, entiendo que hay gente que vive de él, y yo mismo soy un turista y me gusta visitar otras ciudades. Pero no debemos dejar que Barcelona pierda la esencia por el turismo, porque sino tendremos que marcharnos, como ha pasado en Venecia. Allí no quedan venecianos. Tenemos que intentar recuperar espacios de toda la vida.

¿Cómo?

En cuanto a la música en bares, que es algo que me afecta directamente, me gustaría que se recuperara. Antes había mucha vida, entrabas en locales y te encontrabas espectáculos.

Los datos de espectadores no invitan al optimismo, pero.

No, se ha perdido el hábito. Tenemos que volver a acostumbrar a la gente y que se dé cuenta que Barcelona es una ciudad que hierve y que crea. Apostaría por impulsar el circuito secundario de los bares para promover los espectáculos de pequeño formato que los jóvenes puedan hacerse lugar en la industria. Clara Segura y yo empezamos actuando en bares del Born hace 15 años. Debemos facilitar que los artistas locales tengamos oportunidad de mostrar nuestras creaciones sin necesidad de negociar con teatros que ya tienen un circuito comercial.

¿Usabas Uber o Cabify?

Utilizaba Cabify, y estoy muy enfadado. Que los turistas vengan a Barcelona, ​​una ciudad que se jacta de ser cosmopolita y moderna, y sólo puedan desplazarse en taxi… ¿Qué es esto? Me parece lamentable. Los taxistas deben adaptarse a los tiempos y todos deben tener cabida.

También provaste Youtube después del Polònia. Pero hace tiempo que dejaste la actividad…

Sí, no hay tiempo para todo (ríe). Además, si quisiera seguir con personajes como el Jacobo o el Casimiro debería hacer una serie, pero no tengo recursos para hacerlo.

Fuiste youtuber durante un tiempo…

Alucinaba cuando mis amigos me decían que era youtuber (ríe). Yo les contestaba que no, que lo hacía porque me aburría.

También has pasado por el cine, concretamente con la película Els Lunnis i el llibre màgic. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Fantástica. He hecho mi primer protagonista en el cine, además en una película preciosa. Iba un poco asustado, pero el rodaje fue agradable y tranquilo.

Cuando he hablado con el propietario del bar para hacerle la entrevista me ha dicho que no te conocia. ¿Te pasa a menudo esto?

Es raro que alguien de aquí no me conozca, pero puede ser, claro. He estado en la televisión muchos años y si la ves a menudo es muy difícil que no sepas quién soy. También tengo que decir que me encanta cuando alguien no me reconoce, y por suerte en Barcelona hay muchos turistas, así que mucha gente no me para en el centro (río).

I wish I was a stranger in Barcelona” («Ojala fuera un extraño en Barcelona») es otro verso de Barna…

Con esto me refiero a que me gustaría ser un extraño en Barcelona para poder visitarla como si fuera un turista. Me enamoraría de la ciudad. Además, lo disfrutaría como un guiri, no me preocuparía de los problemas que tiene.

Al protagonista del libro, el Capo, no le gusta mucho la fama. ¿También es una característica autobiográfica?

La fama no me desagrada. Si estás en el sector del espectáculo es porque sabes que la fama es parte del éxito. Es un vehículo, pero también tiene aspectos negativos.

¿Cómo por ejemplo?

A veces la gente decide por ti y te encasilla, por ejemplo.

¿Te has llegado a quemar con la fama?

No, porque sou un famosillo. No soy un Brad Pitt, que no puede ni salir a la calle (ríe).

En cuanto a proyectos futuros, ¿explorarás la literatura con otras obras?

El año pasado escribí otro libro, así que sí (ríe). Aún no lo ha leído nadie, aparte de los más íntimos. Ha sido un reto personal, porque quería ver si era capaz de escribir una historia que no estuviera basada en mí.

Actor, músico, y ahora escritor. ¿Qué te queda por hacer?

Un hijo (ríe). Dirigir una película también, y ya tengo un proyecto en manos de una productora que podría salir a corto plazo.

«Hacer el aperitivo en las terrazas es una tradición fantástica»

Bruno Oro, como buen mediterráneo, es un apasionado de las terrazas. Cree que debería haber más y son su lugar preferido para hacer el vermut. «Hacer el aperitivo en las terrazas es una tradición fantástica, asegura.

Aparte de lo que pueda tomar, las terrazas son para él un lugar de relación social. «Me gusta ir a las terrazas a charlar con los amigos, sobre todo por las noches», explica. Eso sí, tiene una preferencia meteorológica: «La terraza me gusta más en verano, no en invierno, aunque no haga mucho frío».

Y durante la sesión de fotos, con el vaso de vermut Miró en la mano, no puede evitar ir tocando las teclas del piano que hay en La Libertaria, ya que es su instrumento.



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